Literatura Infantil según Jesualdo

Objetivo: Dar a conocer en síntesis la Literatura Infantil según la postura teórica de Jesualdo.

¿Existe una literatura infantil propiamente dicha? Jesualdo comienza el planteamiento de su libro exponiendo una serie de críticas, hacia textos que supuestamente son “para niños”, pero que no mantienen el interés de estos. Cita entonces a Altamira, quien dice que este tipo de literatura resulta: “ñoña, sosa o insípida”. Básicamente plantea la existencia de una literatura de masas, textos que pueden resultar todos idénticos en insubstancialidad y falta de gusto, o la literatura truculenta y malsana como los de detectives y ladrones. Obras que son todo lo contrario a aquéllas, las selectas como: Cuentos de Grimm (Hermanos Grimm), Corazón o Robinson Crusoe (Daniel Defoe).

El autor expone que, el rechazo de los niños hacia la literatura “para niños” es porque ésta no satisface su necesidad intelectual. Sin embargo, sí existe una literatura que les gusta, de esto el autor diría que lo que existe, entonces, serían valores, elementos y caracteres determinados, dentro de la expresión literaria en general, escrita o no para los niños, que responden a las exigencias de su psique durante su proceso de conocer y aprender, que se ajustan al paso de su evolución mental, y en especial al de determinados poderes intelectivos.

Marcelo Braunschvig afirma, en su libro, que los autores que escriben “para niños” caen en dos defectos, por los cuales los niños desprecian esos libros, estos serían: el aparentar sencillez para ponerse al nivel de la mentalidad infantil y el pretender que siempre “la virtud es recompensada y el vicio es castigado”. Esto, además, les prepararía para amargas decepciones, puesto que les daría una idea inexacta de la vida.

A esto se agrega la afirmación de Rigaul, quien dice que presentarles a los niños la virtud “como una fuente aseguradora de beneficios, es hacérsela amar por sus resultados, no por ella misma y enseñarles el cálculo en vez de la moral”.

Por su parte, Anatole France se pregunta: ¿Debemos dar a los niños obras escritas para ellos a pesar de sus reacciones contra ese tipo de obras? Es posible que este afán de aniñamiento que caracteriza toda obra de tal clase y en la que tiende a dar alguna experiencia sin trascendencia, ya realizada, ese esfuerzo que el autor hace para entrar al mundo infantil, en vez de transportarlo a otro mundo, como dice France, es la causa que quita toda novedad a la obra que él busca anheloso para satisfacer su precaria imaginación.

Los niños necesitan la mayor cantidad de medios, expresiones que reúnan una máxima suma de experiencias, que desenvuelvan un drama más totalmente y manejen personajes de caracteres más concretos. Ningún libro serio, dirigido al niño, lo ha sido solamente a él.

En Robinson Crusoe, el autor puso toda su rectitud espiritual, su mucho saber y su experiencia. Porque todo eso es necesario para entretener a los niños.

Perrault no es un escritor solamente para niños, dice Jesualdo en su libro. Él recogió la tradición de un tiempo mediante fórmulas expresivas adaptadas a todas las mentalidades, es decir, universales, aunque dedicadas a la formación de las generaciones futuras. Estudia la niñez, antes que nada, para saber qué efectos surtían sus relatos en el alma del niño. Él dice: “Se les ve caer en la tristeza cuando el héroe cae en desgracia y gritar de alegría cuando el tiempo de su buenaventura llega”. Lo mismo haría Andersen, quien llega a identificarse de tal modo con los niños, que ellos lo consideraban como uno de los suyos y, ya hombre, seguía siendo para todos un niño.

Se le preguntó a Cristóbal Schmidt por la razón de su influencia sobre los niños y respondió: “Ellos mismos me han enseñado sus necesidades. Sus reacciones me hacen ver los defectos de mis narraciones, y, poco a poco entrando en sus vidas y comprendiendo sus maneras de pensar, me he esforzado en hablar su lengua”. Esto, por supuesto, es todo lo contrario a la ligereza con que se pretende escribir para los niños.

De modo que, de acuerdo con estas reflexiones, se puede decir que existe una literatura dirigida a los niños; escrita en un léxico especial, que pretende consultar sus características psíquicas y responder a sus exigencias intelectuales y espirituales, pero que esta literatura no es la que interesa a la edad infantil. Gran cantidad de obras que le son dedicadas especialmente, no les interesarán, pues, nunca, ni llenarán las más precarias condiciones de su psicología. Y en cambio la experiencia demuestra, dice Anatole France, cuánto les interesan las obras maestras de la literatura aún a veces sin siquiera estar adaptadas a su entendimiento, pero que los consultan para responder a procesos más totales en la evolución de la cultura humana.

Hay quienes han pretendido sintetizar en un párrafo cómo debería ser la literatura infantil, o cómo ha de ser el procedimiento para alcanzar el éxito entre los niños. En este particular, France aconseja que cuando se escribe para niños, se eleve el pensamiento, se perfeccione el estilo para que “todo viva, todo aparezca en la narración claro, magnífico, potente. No existe otro secreto para entusiasmar a los lectores”.

Cualquiera que escriba para niños, añade Brandes, debe pues tratar de hacer sensible por la variedad de su acento las pausas súbitas, los gestos pintorescos, la mímica que provoca a cada instante el espanto y la risa que despierta la atención asombrada, para poner todo eso en su narración es necesario que haya en su prosa, música, dibujo, mímica, que, como en concierto, sean puestos en juego desde que se abre el libro.

Hay que recalcar que el entendimiento de quienes han logrado crear una literatura de valores, para niños, se basa en haber reconocido el principio oral en los cuentos primitivos, que vivieron en la memoria de los hombres de generación en generación sin el auxilio de la escritura, anota Godart, hasta que los curiosos, eruditos o los sabios los fijan con caracteres e inmovilizan su belleza. Y es Perrault, primero que nadie, quien mejor entiende que es el narrador oral, antes que el escritor mismo, quien debe intervenir en el alma del oyente. Sus cuentos son, por esta razón, como observa Pellison, los que mejor se han concebido para oírlos antes que para leerlos.

Dice Pellison: “Leed un cuento, no con los ojos sino en voz alta; inmediatamente os apercibiréis que vuestra voz como si hubierais dado la nota, toma el tono, el acento, el paso del narrador. El texto que contáis no es un texto fijo y muerto, sino que lleva consigo el movimiento y el sonido de la palabra viva”.

¿Cuál es el fin que persigue la literatura infantil? El instruir, educar y divertir al niño. Eso sí, las obras literarias puramente instructivas le disgustan y suelen ser rechazadas. ¿Cuáles son, entonces, las lecturas verdaderamente provechosas para los niños? Sin duda las de distracción y placer y aunque las anteriores se conserven para la preparación de los niños, a las últimas hay que darles un lugar importante porque son los que verdaderamente responden a las necesidades del niño, y ejercen, o pueden ejercer una influencia muy feliz en el desarrollo de su psique.

A parte de esto, la literatura infantil es la reveladora en el niño de intereses adormecidos que esperan esa especie de varita mágica para despertar aspectos de la experiencia que está viviendo. Además, es necesario proponerse con ella iniciar al niño en el conocimiento de la realidad, como fundamentan en su propósito diversos autores.

Criterios para que un texto sea Literatura Infantil según Jesualdo:

1. Lo imaginativo: Es precisamente esta característica la que logra captar la atención de los niños, presentándose de varias formas como mitos, monstruos o realidades expuestas en cualquier forma expresiva. Permite a los niños enriquecer su propia capacidad imaginativa, pues le provee de nuevos recursos y expresiones.

2. El dramatismo: Es el rasgo esencial que le permite al niño vivir o identificarse con el personaje, a tal punto que puede alegrarse o entristecerse según sea el caso, pues siente aquella realidad como si fuera propia o le gustaría ser como aquellos personajes.

3. La técnica del desarrollo: En ésta se puede apreciar el cómo el autor distribuye los detalles y acciones de tal manera que la lectura resulta armoniosa, es decir, no hay un cambio radical o brusco en lo que se presenta, esto contribuye a que el lector tenga una experiencia más agradable en su lectura.

4. El lenguaje: Se trata de “cómo la obra está escrita”, es decir, el lenguaje empleado por el autor. Es la necesidad de un idioma preciso, sencillo y puro.

Waldylei Yépez

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