¿Qué es primero: el lenguaje o el pensamiento?

Llama la atención el interés del ser humano de confrontar conceptos, como sucede en el caso del origen del lenguaje y el pensamiento, en el que de alguna manera surgen tendencias que apoyan uno u otro planteamiento. Dichos planteamientos son presentados por Rossi-Landi en su texto El Lenguaje, del cual resulta bastante interesante revisar algunas cosas.

Vamos a partir por la crítica más visible en torno al tema donde se expone que, en el empeño por dar respuesta a la interrogante, se pretende invocar a dos sub-totalidades arbitrarias e inadecuadas que a su vez formen una totalidad con la función de explicar los acontecimientos relacionados al mencionado origen. Dicho «método» daría como resultado la reducción del pensamiento a un producto del lenguaje, sin embargo, eso no explica los casos de fenómenos extra-lingüísticos. En otras palabras, este «método» sugiere que el pensamiento existe porque el lenguaje hace esto posible, eso explicaría que los pensamientos «estén en palabras», pero como ya se dijo quedarían sin considerar, por ejemplo, las imágenes de los sueños.

Por otro lado, tenemos los planteamientos de que el lenguaje se origina por la necesidad de una organización social, lo cual nos lleva a considerar el hecho de que cada individuo podría tener su propio pensamiento, y, por ende, esto lo lleva a darse cuenta que necesita de esa organización. Un caso relativamente parecido se presenta con el trabajo de la psicoanalista Melanie Klein, en su tesis[1] se revelan una serie de operaciones en los niños de temprana edad que posibilita el reconocimiento de sí mismo y de sus padres, esto justo antes de poseer un lenguaje como tal y esto podría afirmar que el pensamiento está antes que el lenguaje.

En esta posición se podría decir que ambos enfoques tienen validez, pero si consideramos un término más complejo como lo es lo mental, esto podría inclinar la balanza hacia el pensamiento como lo primero que existe. ¿Eso por qué? Porque básicamente la mente utilizaría como herramienta al lenguaje para poder organizar la estructura mental, que a su vez está conformada por ideas, pensamientos, imágenes, sentimientos, emociones, gestos, etc. Incluso hay cosas que existen en la mente y que muchos dicen: «No sé cómo expresarlo en palabras». Además, la presencia de formas de comunicación extra-lingüísticas como la expresión facial, que sin duda juegan un rol importante en la interacción social, pone de manifiesto la no-exclusividad del lenguaje como único medio valido para esta interacción y, por lo tanto, para exteriorizar lo mental. A partir de este razonamiento, se puede afirmar que cada individuo, antes de la utilización del lenguaje, poseía su propio pensamiento que pudo ser expresado a sus pares cuando el lenguaje se hizo presente, dando origen a la sofisticada organización social que tanto se necesitaba.


[1] Citada por Rossi-Landi en su texto El Lenguaje.

Waldylei Yépez

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